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El abanico

El abanico

EL ABANICO

 

Las luces se habían hecho tenues y los músicos empezaron a tocar “La lluvia de noviembre”. Las miradas de las muchachas se transformaron. Apuré mi copa mientras jugaba con el abanico, y mis ojos recorrieron la sala en busca del galán más apetecible. Lo vi como se ve un relámpago en la noche. Era un hombre guapo y apuesto, de pestañas largas y maneras suaves. Pantalón, blanco, ajustado y una camiseta azulona que dejaba esculpido un torso trabajado en el gimnasio. Mientras lo miraba, abría y cerraba el abanico muy despacio, para que se enterara que, aunque tuviera marido, me interesaba el sabor de su piel tostada. Me acerqué, sostuve el abanico contra el rostro, penetré en sus ojos y caminé hacia la terraza con un contoneo voluptuoso de la que volví defraudada. La lluvia de noviembre llegaba a su fin. Hice mil malabares con el abanico, pero el chico, aunque me miraba perplejo, no entendía aquel lenguaje. Ni siquiera cuando dejé caer al suelo el abanico para hacerle entender que sería suya sin restricciones, después de habérselo mostrado abierto y suspendido al revés, como una ave herida , diciéndole con ese gesto que: “Sin su amor, prefería morir.”

        Por mucho que mi abuela dijera que el juego del abanico era de lo más erótico en su época, sus mensajes no llegaban a destino en tiempos del guasap y de los móviles. Debía ser más contundente. Me quité el chal y dejé mis hombros desnudos. Tomé dos copas y me acerqué a él para ponerle una en la mano. Después del primer sorbo, hice parpadear mis pestañas, me incliné para arreglarme la falda, dejando mis pechos más visibles. No sé si lo entendió. Le sonreí mientras indagaba en sus ojos. En ese momento sonó un tango. Rasgué la costura izquierda de mi vestido estrecho dejando al aire mi pierna. Le tomé las manos e hice que me abrazara y lo arrastré al centro de la pista. Me pegué a él. El lenguaje del abanico no lo entendería, pero al sentir mi cuerpo apretado contra el suyo esperé que lo activara. Bailamos tan juntos que nuestros cuerpos parecían uno. Me abría, me cerraba, entraba y salía en mis brazos, como yo en los suyos al envolverle con mi pierna desnuda de la que se escabullía y yo lo buscaba luego con más ahínco al ritmo del tango. Mis manos acariciaban su espalda, subían hasta los hombros e introducía mis dedos en sus rizos, para luego bajar y medirle el contorno de las nalgas. Mi boca susurraba en su oído palabras ardientes y mis deseos eran como brasas. Con el último acorde del tango, los dos exhaustos, con el índice le bajé la barbilla y puse mis labios frente a los suyos. Acerqué mi boca para besarle.

        En aquel instante, noté el vibrador en el muslo. Sacar el teléfono de la liga me sustrajo del ensueño. Era mi marido, como siempre tan oportuno. Sin contestar lo metí de nuevo debajo de la liga.

        —Me llamo Ángel —me dijo el chico—. ¿Te importaría enseñarme el lenguaje del abanico? —preguntó con una gran sonrisa.

—Por supuesto —le dije entusiasmada.

—Resultaría tan elegante para ligar del todo a mi Manolo —añadió.

        Tomé el abanico y se lo puse de un golpe en la mano. Era la manera de decirle que lo abominaba, después de haberme encandilado.

Él, con su sonrisa plácida, me devolvió todas las que yo le había dedicado.

 

© Bárbara Fernández Esteban. Mayo 2015

 

 

 

POLARIS de Fernando Clemot

Polaris de Fernando Clemot

POLARIS  de Fernando Clemot 

Editorial Salto de Página. Colección púrpura. Novela (2015)

La novela se desarrolla en un contexto masivamente traumático, con todo el peso existencial de los seres atormentados. Una manera de existir que sucede a las dos grandes guerras del XX, propia de los años cincuenta, antes de que la década de los sesenta, dentro de la guerra fría, dé paso a la diversión, a las revoluciones del cono sur, a los movimientos sociales, a la sociedad del bienestar como antídoto del comunismo, y ponga las bases del capitalismo salvaje.

El sentimiento de angustia, como algo abominable, aparece desde las primeras líneas en las entrañas del barco en el que se malvive de manera sobrecogedora. Todo se desarrolla de forma sesgada y turbia, tortuosa y secreta. Los ruidos, el paisaje, la radio, la música constante son elementos inquietantes, opresores. Lo que viene –lo que se impone— es un mundo nuevo del que se excluye la religión, la memoria, la culpa, el perdón, el remordimiento, la expiación, la rectitud (temas conradianos), donde, de manera exclusiva, lo que importa es el control y el poder sobre la base del miedo. La imposición de un mundo en el que no cabe el pusilánime, el débil, el atormentado capaz de expiación. Un mundo ineludible y poderoso que no responde a anhelos, ni da soluciones. Los sentimientos de angustia los solventará el poder y la ciencia. Lo nuevo no es susceptible de amar, de soñar, de embelesar…, pero será coherente. Se trata de depurar el pasado, hacer tabla rasa del horror de la guerra y de la hecatombe nuclear, ayudados por el predominio del pensamiento científico ante la duda, la perplejidad y el remordimiento. Órdenes de quien sabe verdaderamente lo que conviene. Órdenes a las que atenerse, aunque, “prima facie”, parezcan absurdas o carentes de sentido. Los nuevos dioses, “ellos”, sí saben cuál es el sentido final.

No sé por qué, en algún momento, a lo largo de la lectura, aparecían en mi mente, referencias a “2001, Odisea en el espacio”. Quizás porque la novela se desenvuelve, salvo las digresiones de la memoria del protagonista, en una nave. En este caso, un viejo barco anclado en el frio Ártico. El Eridanus, un barco gemelo del muy especial Polaris.

Clemot plantea la novela como un “continuo” a modo de escucha interior, a partir del interrogatorio del protagonista por quienes representan el control, el poder, lo nuevo, y, con el recurso a la memoria imperfecta, a tientas, con avances y retrocesos —en lo que el autor es un maestro—, eleva la búsqueda, el análisis y su exégesis, a categoría de método, dando pie a información que convierte la historia en laberíntica, al quedar, a veces, disuelto el ritmo y el hilo conductor mediante sub-historias, cuya virtud, quizás, sea, de manera acertada, hacer más asfixiante el relato.

Se trata de una novela interesante y sugestiva, muy bien urdida, que exige una reflexión considerable y un perenne releer por su permanente tensión interna y por la propia estructura de la novela. La inclusión de los diálogos dentro del texto narrativo dota al mismo de una densidad tal que obliga al lector a un esfuerzo redoblado en la comprensión de una historia compleja, sin perjuicio de una prosa rica, muy depurada y selecta.

Puede que la indeterminación de los diálogos funcione muy bien en la literatura anglosajona y que se pretenda crear tendencia. Es posible que nuestra tradición sea, a mi modesto parecer, probablemente más clarificadora. Esta es una opinión en exceso atrevida para una junta letras como yo, con criterio lego en la materia. En una novela en la que el método inquisitivo es fundamental, dicho recurso, me obliga a replantearme creencias en un esfuerzo necesario para llegar a las certezas de un maestro.

De conformidad con mi costumbre de ambientar mis lecturas asociándolas a una música determinada como banda sonora, las primeras páginas de Polaris me llevaron a Arnold Schönberg y su Pierrot Lunaire, porque me acordé de Theodor W. Adorno quien decía que parte de la obra de Schönberg tiene un sonido freudiano y la historia que nos relata Fernando Clemot da voz y eco al inconsciente. En este punto, además, me atrevo incluso a añadir, quizás con insolencia y de manera muy impulsiva, una imagen: “El grito” de Munch. Puede que Fernando Clemot haya escuchado, consciente o inconscientemente, el eco de ese “El grito”, al escribir esta novela.

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© Bárbara Fernández Esteban. Noviembre 2015.

 

Presentación 6º Cuaderno Palabras contadas.

palabras contadas 6

El pasado día uno de diciembre, a las 19:30 horas, tuvo lugar en la Bóveda del Albergue Juvenil de Zaragoza la presentación del 6º número de la Colección Cuadernos de Narrativa “Palabras Contadas”, que dirige la escritora Pilar Aguaron.

La colección, editada por La Fragua del Trovador, que conforma un nuevo libro, “Si es que ya te lo había dicho” consta de veintitrés relatos seleccionados de entre los más de doscientos que se presentaron al 6º CERTAMEN LITERARIO DE RELATO BREVE. Entre ellos se encuentra el relato de mi autoría titulado “Una elección valiente, señorita”. Para mí ha supuesto una satisfacción muy grande haber sido seleccionada por tercera vez en dichos certámenes de relato breve. Me siento muy afortunada.

El acto, presentado por la directora de la colección y el editor Luis Sanz, representante de la Editorial La Fragua del Trovador, reunió gran cantidad de seguidores entre los que tuve el placer de contarme y compartir las emociones entrañables del encuentro con personas a las que quiero y admiro y las que derivaron de la preciosa lectura de varios relatos a los que pusieron su voz exquisita Laura Seral y Luis Trébol.

Gracias, también, a Laura Seral por la lectura de mi relato.

Me consta que la Editorial La Fragua del Trovador remite bajo pedido el número de libros que se interesen a un precio módico y que justifica sobradamente el placer de la lectura de unos magníficos relatos, sobre los que, sin duda, la directora de la colección soporta una ardua tarea a la hora de seleccionarlos. Mi enhorabuena a ella y a la editorial por esta empresa.

©Bárbara Fernández Esteban. Diciembre 2015.

 

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Entrega de premios VII premio internacional relatos de viajes

Bárbara Fernández Esteban recibiendo el premio de manos de Pilar Tejera y de Cristina Bernat

A las siete de la tarde del 29 de octubre estaba convocada para la entrega de premios del VII Concurso Internacional de relatos para Mujeres Viajeras con motivo de haberse otorgado el segundo premio, entre medio millar de participantes, a un relato de mi autoría titulado “La ciudad de mis sueños”. El acto, al que concurrieron un centenar de personas, resultó muy emotivo y tuvo lugar en un local precioso que la Agencia de Viajes Pangea  estrenaba en la Calle Príncipe de Vergara de Madrid.
Los tres relatos premiados, junto con otros cuidadosamente seleccionados por el jurado de Mujeres Viajeras en atención a su bondad literaria, han sido publicados en un libro de magnífica hechura por Ediciones Casiopea que componen un relato colectivo del mundo, escrito por Mujeres  que unen su entusiasmo por viajar con la literatura como testimonio. El libro fue puesto a la venta en dicho acto que culminó con una copa de vino.
Mientras saboreaba esa copa, mi mente barruntaba sobre posibles ciudades de Europa donde disfrutar el premio con mejor aprovechamiento. No me vendrá mal unos días de asueto en Paris, Venecia, Roma, o Tallin, o Dubrocnik, o Praga o Berlín. Son ciudades tan maravillosas y el premio tan prometedor… tendré que decidir.
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Os dejo a leer unas líneas de “La ciudad de mis sueños”.
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“Hace poco cumplí sesenta y ocho años y con cada felicitación exhibí para mi propio solaz, las ilusiones y los sueños que han empujado mi vida. Sin embargo, admito con rubor que son muchas las etapas que han ido conformándola en la ruta de un maravilloso peregrinaje. Mis ojos son capaces de reflejar los lugares que he visitado, que admiro y me conmueven, y con fidelidad puedo reproducir sus colores, unas veces sombríos y otras brillantes. Sabría describir los olores que caracterizan cada país y aun muchos pueblos desde Tokio a Manila. En mis oídos resuenan la música y los profundos silencios de los ríos africanos. En mi rostro han quedado dibujadas en forma de arrugas, cada brisa y cada viento que ha empujado plácidamente mi barco por aguas caribeñas, o los temibles cuarenta rugientes a bordo de una goleta francesa, atravesado Cabo de Hornos, más allá del mar de Tasmania. En mi alma, las emociones guardadas para cuando llegue el día en que mis alas cargadas de plomo se posen sin huella en la memoria.
Pero hay un viaje, el único, del cual el tiempo no ha conseguido borrar un solo detalle. Al contrario, cada recuerdo ha sido cincelado día a día. Un lugar que llevo en mi pensamiento, porque hay lugares de los que dependemos, que pertenecen al sentimiento y detuvieron el tiempo para siempre. Un lugar que dejó en mi corazón una huella imborrable, como una puerta entreabierta que hay que volver a traspasar para poder cerrarla. Mi avión saldrá en unos minutos para llevarme allí a pesar de mi juramento…………..”
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Aquí dejo el enlace  de la Editorial por si a alguien le interesa no solo cabar de leer mi relato, sino todos que lo acompañan. Tambíén el de la Agencia de Viajes Sanga, patrocinadora de mi premio, que organiza unos viajes muy interesantes.
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©Bárbara Fernández Esteban. Octubre 2015
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También os dejo un enlace para que podáis escuchar una entrevista en el programa  TRAVESIAS  realizada por María Álvarez de Eulate  a Pilar Tejera de la editorial Casiopea y responsable de mujeresviajeras.com convocantes de los certámenes internacionales de relatos de viajes de mujeres, en la que también participamos las tres primeras seleccionadas.
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Una bonita experiencia

Imagen de familia con el Alcalde Salou, concejalas de cultura y de juventud, profesores de los distintos centros, miembros del jurado y premiados.

Los XIV premios 30 de octubre en los que participan niños y jóvenes saluenses en distintas actividades artísticas han dejado en mí, este año, una maravillosa huella. Más concretamente en la parte a que se refiere el certamen literario. Cuando MªJosé Rodríguez, concejala de cultura del Ayuntamiento de Salou me pidió si quería formar parte del jurado no dudé en aceptar. No niego que el encargo me sorprendió gratamente, no por la designación, que ello siempre supone un trabajo arduo si una se lo toma en serio, sino porque dilucidar entre una treintena de textos bien seleccionados, de una calidad indudable, conllevaba mucha responsabilidad y una intención de aprendizaje.
Han sido muchos los relatos en catalán, castellano e inglés, que se han presentado a dicho concurso escritos por alumnos de todos los centros escolares de Salou, desde primaria a los últimos cursos de Bachillerato, entre los que la competitividad era manifiesta. Me siento muy orgullosa de las nuevas generaciones de niños y jóvenes salouenses. He leído relatos de una imaginación desbordada, de una fantasía exuberante, he sabido de sueños, de ilusiones, de fracasos que dan sentido a la vida, relatos amenos, frescos,  conmovedores, intimistas, reflexivos, relatos capaces de llegar al corazón. He leído poemas de una sensibilidad exquisita, y mis dudas bien fundadas iban de uno a otro, lamentando la limitación de premios, la incapacidad de poder premiar muchos más de los que admitían las bases.
Ha sido una experiencia maravillosa para mí porque ha puesto en evidencia lo mucho que se puede aprender de las generaciones jóvenes. En definitiva, ha sido un contagio de juventud, muy saludable para mi provecta edad, que debo agradecer a esos escritores en ciernes, después de felicitar a todos los participantes y también al Ayuntamiento de Salou por la oportunidad.
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©Bárbara Fernández Esteban. Octubre
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Nadie da lo que no tiene

Cultura

En uno de mis relatos que publiqué hace unos años hacía referencia a una de las personas que han  influido en mi vida de una manera muy positiva.  Gracias a ella me aficioné a la lectura. Mi abuela no tenía una biblioteca copiosa, pero si tenía lo más esencial para enseñarme a amar la lectura. Y leí, primero tebeos, que hoy se llaman comics,  cuentos de princesas y los de los hermanos Grim y los de Calleja.  Ella poseía una gracia enorme para contarme algunos de aquellos, y para que me entusiasmara con sus personajes que recreaba para hacerlos visibles a los ojos de aquella niña que yo era. Y leí por su empeño  después a Julio Verne, a Emilio Salgari, incluso a Gonzalo de Berceo y al Arcipreste de Hita y a Cervantes y reí con Quevedo. Me preguntaba por los personajes de la Ilíada y de la mitología griega. Desde entonces pocos libros cayeron de mis manos como nunca vi que cayeran de las de ella  aunque ya su vista declinaba y me pedía que le sirvieran mis ojos.  Me presentó a Victor Hugo, a Dumas,  a Katherine Mansfield, a Guy de Maupassant, a Chesterton, a Chéjov, a Conrad, a Carver, a Jane Austen,  a Jacinto Benavente, a Juan Ramón,  a Lorca y a tantos otros que fueron compañeros de muchas tardes de invierno junto a la lumbre o de aquellas en que las montañas permanecían  cambiantes con la luz de sol veraniego o la playa se tornaba plácida para un paseo. La lectura siempre resultaba deliciosa o inquietante y mi imaginación se quedaba corta ante tantas historias. Siempre que he terminado un libro, al poner la fecha como es mi costumbre, indefectiblemente hay un agradecimiento a la memoria de mi abuela.

En el verano de dos mil tres con ocasión de uno de los cursos de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo tuve la fortuna de descubrir a otra persona que también ha influido mucho en mi vida. Si con la primera aprendí a disfrutar de la lectura, con José Luis Sampedro aprendí a vivir con el gozo de la escritura. Incluso me atrevería a asegurar que le debo mi vocación tardía  en el cenit de mi madurez vital, camino de las postrimerías, cuando revivir es lo que importa si revivir es vivir más veces.  Recrear historias, destapar el baúl de las evocaciones y de las vivencias, de los recuerdos, dar tregua a la memoria. Recrear la vida. Ser cómo dioses conocedores del bien y del mal según la inicial tentación.  ¡Qué más se puede esperar!

No quiero hablar de música, ni de la pintura, ni de la escultura, ni de otras bellas artes, para las cuales no tuve la suerte de tener otra maravillosa hada, otra abuela  que me instruyera mas allá de ser una simple diletante, o que me hubiera estimulado a su conquista aunque hubiera resultado inútil a la vista de mis carencias y talentos.

Pero de todo ello, sí deviene mi devoción por la cultura.  Una cultura que une a los pueblos y a las gentes, que los previene de pasiones divisorias y de engaños. Tanto más en un tiempo en que en demasiadas ocasiones está confinada a eventos superficiales que no solo carecen de prestigio, sino que la desprestigian y relegan al ridículo. Cultura que está aislada, no ya por su sobrecarga de impuestos que la hacen más ardua, sino porque apenas se la tiene en cuenta más allá de una simple pátina que disimule su penuria. Cultura que resulta cenicienta ante fastos más costosos y fiestas más ostentosas que dan más réditos.  Cultura que no hay, quizás porque de dónde no hay no se puede sacar y a la postre nadie da lo que no tiene.

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© Bárbara Fernández Esteban. Salou. Septiembre 2015.

 

 

 

 

Alegría y gratitud. Egmont y la Sexta en el Auditorio Nacional. Beethoven y Mozart

Barbara Fernandez Esteban , en el Auditorio Nacional 15/10/2015

Alegría y gratitud. Egmont y la Sexta en el Auditorio Nacional. Beethoven y Mozart.
Como bien sabéis estos días pasados he participado en las jornadas del V Forum sobre mujer y menopausia. Aprovechando la estancia en Madrid me llamó la atención que, en el Auditorio Nacional de Música, la Filarmónica  inauguraba la temporada de conciertos con la alemana Orquesta Sinfónica Bamberg que interpretaba: la Obertura Egmont, el  Concierto para piano y orquesta número 20 de Mozart y la Sexta Sinfonía de Beethoven.
Siempre me ha gustado la famosa “Pastoral”, especialmente el 4º y 5º movimiento que contienen de forma muy explícita el motivo principal de la obra y que con frecuencia me descubro tarareándolo, incluso cuando acabo de despertarme debajo de la ducha, quizás sea por relacionarlo con el agua, la lluvia, la tempestad, el sueño, la placidez y la armonía de la naturaleza. Si tuviera psiquiatra debería  preguntarle  si esta relación es tóxica. Aunque no creo, porque confieso que  me relaja.
Solo por escuchar a Mozart, el concierto ya valía la pena, pero descubrir además en la Obertura Egmont de Beethoven una página musical tan impactante y resolutiva fue un auténtico gozo para el alma, que me confirmó en la convicción plena de que la música es una forma de conocimiento que de alguna manera nos salva física y anímicamente.
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©Bárbara Fernández Esteban. Octubre 15.
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Concurso relatos de humor Ella y el abanico. V Fórum mujer y menopusia.

El jurado y premiados I concurso de humor sobre menopausia/andropasia organizado por ella y el abanico.

Assunta Serna (actriz y madrina de ella y el abanico) Eduardo Perez (premiado en el concurso) Montse Roura (directora de ella y el abanico), Bárbara Férnandez Esteban (II premio) Isabel Patricia Fuentes (directora de Caixa Fórum en Madrid y Carlos Olalla ( Actor y escritor)

El martes 13 de octubre asistí a la rueda de prensa de la presentación  del  V FORUM MUJER Y MENOPAUSIA invitada por ”Ella y el abanico”, en la que se anunció el programa y las actividades que tendrían lugar en  Madrid los días 16 y 17 de octubre en el auditorio del CaixaForum Madrid, en cuyo acto se desvelaron los ganadores del I Concurso literario de Relatos Cortos de Humor sobre el tema la menopausia y la andropausia y tuve la alegría de saber que mi relato “El detector de metales” obtuvo el segundo premio. Para mí fue muy emotivo, asistir y conocer a la periodista de TVE, Elena Sánchez Caballero, a la actriz Assumpta Serna, a Montse Roura, directora y creadora de Ella y el abanico y al actor y escritor Carlos Olalla, que excusó la ausencia del presentador de televisión y humorista El Gran Wayoming que constituían el jurado de dicho certamen.
Volví al auditorio de CAIXA FORUM los días 16 y 17 para asistir a las Jornadas programadas por Montse Roura creadora del foro Ella y el abanico.
Ha habido talleres y conferencias muy interesantes sobre los temas de la menopausia y andropausia por ponentes especializados en cada materia como podréis comprobar en la página :
En la clausura de estas jornadas volví a sentir la satisfacción de recibir mi premio y de compartir el momento con los otros premiados y con los miembros del jurado.
Para concluir el acto tuvo lugar un desfile de modelos de mujeres “cotidianas”, que en nada se parecían a los prototipos de las pasarelas de moda habituales, pero que la diferencia las dotaba de una singularidad y cercanía. Estuvieron geniales.
A continuación, tuvo lugar un coctel para los organizadores, los ponentes de las conferencias, los patrocinadores, diseñadores, el jurado y los premiados en el concurso literario donde pude compartir momentos muy agradables y  yá me despedí de todos llevándome un maravilloso recuerdo en el corazón.
Sería muy extenso contar todas las emociones de estos días, pero no quiero dejar de agradecer y felicitar a Motse Roura por su magnífica labor. Recomiendo que visitéis  su página “Ella y el abanico” donde podréis aprender muchas cosas.
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©  Bárbara Fernández Esteban.  Octubre 2015
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VII Premio internacional de relatos mujeres viajeras.

Estoy muy feliz.  Hace unos días me comunicaron que mi relato “LA CIUDAD DE MIS SUEÑOS” había conseguido el SEGUNDO PREMIO en el VII certamen literario internacional de relatos de viajes. Durante cinco años he participado en ese concurso y en todos he quedado finalista, estando incluidos mis relatos en los libros correspondientes a esos años.  Este año , entre más de medio millar de relatos presentados de casi todo el mundo, he logrado obtener el  SEGUNDO PREMIO. Todo un honor.

La Editorial Casiopea edita un libro de cada certamen. Una edición muy cuidada. Unos libros hechos con cariño y con una excelente calidad, con unas ilustraciones preciosas. Ya estoy deseando disfrutarlo, aunque deberé esperar al 29 de octubre, cuando vaya a Madrid a la entrega de premios. Recogeré  mi premio y algún ejemplar . Ya os contaré. De momento os dejo la portada del libro y el enlace a la editorial por si alguien quiere comprarlo. Los anteriores son divinos, según dicen, este los va a superar.

http://www.edicionescasiopea.com/?product=vii-premio-internacional-relatos-de-viajeras

Cuando vuelva de Madrid de recoger mi premio ya os contaré más cosas.  Antes de ese día creo que podré contaros otras noticias. Ya que el 13 tambien voy a Madrid y volveré a ir el 16 y el 17.  Tendré muchas cosas que contaros.

 

© Bárbara Fernández Esteban

 

Salou en la memoria

Salou en la menoria.

En este libro están recopilados los relatos y poesías que se leyeron en el III encuentro de escritores en Salou el pasado 28 de agosto 2015.

Los escritores cedieron todos los derechos para esta edición al Ayuntamiento de Salou.  Como podéis ver el libro es pequeño pero bonito, y en el han quedado guardadas las huelas de lo que aconteció en dicho acto. La portada es una pintura de Pilar Aguarón.

Prologado con las palabras del Señor Alcalde de Salou, Pere Granados y del presidente de la Asociación Aragonesa de escritores con sede en Zaragoza José Luis Corral Lafuente, contiene además de una jota dedicada a Salou, “Mira si Salou es bello”, que compuso para la ocasión el aragonés Javier Sanz director de la Rondalla Jaime I de la Asociación cultural aragonesa en Salou, los siguientes temas:

“Salou lleno de amor” de José Antonio Prades

“Poemas para Salou”  de María Otal

“Love Me do”  de Pilar Aguarón Ezpeleta

“Dark night” de José Malvís

“Salou Dorada” de Carmen Aliaga

“Las Rocas” de Estela Alacay

“Oulas” de Santi Abad

“Nostalgia” de Pilar Hernandis

“La playa” de Fran Picón

“El apartamento de Salou” de José Carrasco Llácer

“La torre Vella de Salou” de Carlos Tundidor

“Salou en la memoria” de Bárbara Fernández Esteban

“Muelle de Salou” de Ángel Guinda.

Todos ellos escritores pertenecientes a la AAE.

Los asistentes al acto se lo llevaron de recuerdo agradeciendo a los escritores y al Ayuntamiento de Salou el detalle.

El libro, dado que es una edición no venal, puede tenerse a cambio de una pequeña donación que el ayuntamiento entregará a una asociación benéfica.

Agosto 2015.

Salou, paisaje para la literatura.

Tema: Salou, paisaje para la literatura

Torre Vella- 2015 III Encuentro en Salou con escritores y música de Aragón – Tema: SALOU, paisaje para la literatura

 

Cuando el último viernes de agosto el sol decaía y la luna emergía llena detrás de la tapia de los muros de la Torre Vella de Salou, la palabra subrayada por la música suscitó el hechizo en el numeroso público que colmaba el patio de la antigua fortaleza seducido por la magia del momentoPor tercer año consecutivo el Ayuntamiento de Salou y la AAE han organizado ese encuentro de escritores con gran éxito. A pesar del calor, el público llenó el portentoso patio de la Torre Vella.

El motivo fue Salou como paisaje de la literatura. El mar, las playas, sus gentes, sus fiestas, sus edificios, sus avenidas y plazas, el muelle, el puerto, las barcas y los pertrechos de pesca, sus caminos y senderos, el faro, Santa María del mar, las rocas, los hoteles, las cafeterías y discotecas y el bullir incesante de la gente, el color del cielo, la brisa y estruendo de las olas al romper en playas de arena dorada.

Todo sirvió para plasmar idilios o locuras de una noche de verano, rupturas o tránsitos por las simas de la memoria para despertar la nostalgia de lo que fue. Salvar los recuerdos y la historia. Salou es memoria, pero también es estrella que despunta. De ello se escribió para sacar a flor de piel las emociones. Nuestras y ajenas. No fue difícil para mis compañeros de pluma afilada rasgar el alma y extraer la nostalgia y la risa.

Casi trescientas personas se prestaban, con los poemas y los relatos, a pasar sin solución de continuidad del retozo a la pena, del amor al desamor, de la angustia a la esperanza, de la vida a la imaginación, reflejados en el paisaje de Salou, mientras los músicos susurraban canciones de raíces aragonesas. Los escritores Pilar Aguaron, José Manuel Prades, Estela Alcay, Maria Otal, Carlos Tundidor, José Malvís, Santi Abad, Pilar Hernándiz y el rapsoda Luis Trebol estuvieron presentes en la Torre.  También repitieron presencia Carmen Aliaga, Fran Picón y Ángel Guinda. De todos quedó constancia en un libro editado por el Ayuntamiento con el título “Salou en la memoria”, a través de sus poemas y relatos, que, prologado por el señor Alcalde y por el presidente de la AAE, fue repartido como testimonio del evento a los asistentes. Después, los escritores fueron requeridos por el público para rubricar dedicatorias sobre sus obras que graciosamente habían cedido para esa edición. Del dibujo de la portada, de preciosa hechura, es autora la pintora y escritora zaragozana Pilar Aguarón.

Sería petulante admitir que mi participación fue mayor. Solo fue más por mor de la cercanía y no por ello más importante, sino solo necesaria para que rodase el evento sin estridencias en su programa, con la ayuda del también escritor José Carrasco en la presentación de los autores.

Javier Sanz, director de la rondalla nos asombró con una jota en estricta primicia, dedicada a la ciudad y a los salouenses, bajo el titulo: “Mira si Salou es bello”

Despidió el acto en nombre de la Corporación municipal el Teniente de Alcalde, Marc Montagud con palabras entusiastas y de gratitud para todos los asistentes y dio por propuesta la próxima convocatoria.

No estoy facultada para hablar por nadie. Pero, en lo que de mí depende como coordinadora de este tercer “Encuentro”, en mi propio nombre agradezco al Ayuntamiento la producción del  evento y del libro, a la Asociación aragonesa de escritores la promoción, a los escritores su probidad y buen hacer literario, a la rondalla su colaboración, y también a cuantos de manera altruista han aportado su ayuda para el éxito de este III Encuentro de escritores que ya se está convirtiendo en un referente en Salou, dónde la extensa colonia aragonesa se siente tan a gusto como en su propia casa.

Lo he disfrutado. Si habéis podido compartir el mismo gozo me doy por satisfecha;  puedo aseguraros que como aragonesa y saluense me siento muy orgullosa.

 

© Bárbara Fernández Esteban. 29 de agosto 2015.

 

III Encuentro en SALOU con escritores y música de aragón.

III Encuentro en SALOU con escritores y música de Aragon
El próximo día 28 a las 7 de la tarde en el recinto de la Torre Vella tendrá lugar el III Encuentro con escritores y música de Aragón.
 El tema será: Salou, paisaje para la literatura.
En esta ocasión, los escritores participantes han querido que SALOU sea el escenario de la literatura donde transcurre la acción de sus relatos o sea el sujeto de las metáforas poéticas. Con ello se pretende, no un homenaje, sino mostrar su admiración y gratitud a esta bella ciudad, tras ceder al Ayuntamiento y a Salou todos los derechos de la primera edición de sus textos.
La rondalla aragonesa Jaime I de Salou se ha sumado a la iniciativa y ha compuesto una jota para Salou que se estrenará como primicia en este acto.
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Bárbara Fernández Esteban

Aquel verano

Balneario de Archena Imagen: Balneario de Archena.

AQUEL VERANO

Los rayos de sol se abrían paso entre las frondosas palmeras del bonito jardín de aquel bar. Marta, sentada en una silla de mimbre al lado de una pequeña mesa de mármol veteado en grises, bebía una cerveza mientras leía una novela tras haber pasado gran parte de la mañana en la piscina. Era domingo, lo podía recordar perfectamente porque los domingos se llenaba el balneario de las gentes de los alrededores. Sobre la mesa tenía un paquete de cigarrillos y un encendedor. De vez en cuando levantaba los ojos del libro y observaba tras las oscuras gafas a las personas que por allí transitaban disfrutando de la paz del lugar y se imaginaba mil historias sobre ellas. La arboleda al lado del rio y las montañas que rodeaban el lugar cooperaban a hacer de aquel entorno  un sitio aislado del mundo.

Llevaba en aquellos parajes tres días, de sus labios solo habían salido breves frases, las indispensables para saludar en recepción y en el comedor o para pedir al camarero algo que beber. Le gustaba ese silencio, al fin de cuentas ella lo había elegido para pasar unos días de descanso y escapar del estrés de su vida cotidiana.

De repente le llamó poderosamente la atención una mujer joven. Era guapa, era de ese tipo de mujeres que no pasan desapercibidas ni para hombres ni mujeres. Vestía deportivamente pero su elegancia afloraba por todas partes. Llevaba unos pantalones piratas, unas zapatillas blancas y plateadas y una camiseta blanca con unas pequeñas mariposas bordadas en el lado izquierdo. Una gorra a juego con las zapatillas recogía su pelo moreno y unas grandes gafas negras cubrían sus ojos y parte de su bello rostro.

Marta la observó con disimulo pensando que, o esperaba a alguien o ese alguien la había dejado allí sola.

Dejó de observarla y se volvió a enfrascar en la lectura. Su cerveza se había calentado. Al pasar el camarero con señas le pidió otra y siguió con su libro y su silencio.

Inesperadamente aquella mujer se acercó a ella con un cigarrillo en la mano pidiéndole fuego. Marta le tendió el mechero sin mediar palabra, la chica encendió su cigarrillo y diciendo en voz baja gracias marchó a su mesa.

No habrían pasado más de diez minutos cuando la muchacha volvió a levantarse y se acercó nuevamente a la mesa de Marta.

—¿Puedo sentarme?

Marta estaba tan sorprendida que no pudo negarse.

La chica empezó a hablar, mientras sus ojos se arrasaban, sin duda alguna su alma necesitaba sacar la pena que la acompañaba y Marta, paciente, la escuchó sin interrumpirla.

—Era el amor más bonito que había tenido en mi vida, era una persona culta, educada, sabía estar, jamás nos habíamos peleado. Nos amábamos y jamás pensé que ese precioso idilio pudiera terminar. Era todo ternura, cariño y de una inmensa belleza.

Marta empezó a darse cuenta que la habían dejado allí plantada.

—¿Qué ha ocurrido? — preguntó dándole un pañuelo para que se limpiara las lágrimas.

—Ha sido extraño. Habíamos venido a pasar el fin de semana, ayer pasamos un día de ensueño, pero esta mañana se presentó una de mis mejores amigas y desde ese momento todo ha cambiado. Me han ido dejando de lado hasta que me he dado cuenta por sus miradas que yo estaba de sobras.

—Mujer, ¿no les has pedido una explicación?

—No. ¿Para qué? No hacían falta palabras para saber que estaba pasando.

—Pero tú eres una persona educada, encantadora, guapa, no creo que sea fácil dejar a una mujer como tú. Te aseguro que si yo fuera hombre ahora mismo te pediría que te quedaras. Eres todo lo que un hombre puede desear.- dijo Marta convencida de que así era-

La chica sonrió al mismo tiempo que le agradecía que la hubiera escuchado, necesitaba hablar y sacar su pena.  Se había desahogado.

Marta llamó al camarero y pidió dos cervezas.

—Soy Marta—dijo tendiéndole la mano a la chica.

—Cristina, —contestó la muchacha.

Bebieron sus cervezas y a Cristina se la vio más serena. Miró el reloj mientas decía que el taxi que habia pedido  estaba al llegar.

Se levantó y elegantemente le agradeció su ayuda al mismo tiempo que al despedirse le decía:

»No hubiera sido necesario que fueses hombre para pedir que me quedara, en cualquier otra circunstancia yo te hubiera pedido quedarme, me gustan las buenas personas, te pareces un poco a Carmen pero estoy segura que tú no me hubieras abandonado como lo ha hecho ella. Gracias por permitirme pasar a tu lado estos momentos.

Marta no supo que contestar, volvió a su silencio y encendiendo un cigarrillo se levantó de la silla y se encaminó muy despacio hacia su habitación, mientras, viendo como el taxi se alejaba pensaba en la extraordinaria belleza de Cristina y en lo que podría haber sucedido si su taxi no hubiera venido a buscarla.

© Bárbara Fernández Esteban

Recordando a mi padre

Recordando a mi padre

Recordando a mi padre.
Un amanecer de un día como hoy de hace ya muchos años se nos fue tras una larga agonía, sin embargo, parece que fue ayer.
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RECORDANDO A MI PADRE
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Suena la fuente sin cesar, noche y día, produciendo círculos concéntricos de espuma… Murió mi padre apagándose como un pájaro enjaulado a quien se le obstruyó el camino de los ecos; como a mí se me queda la mano suspendida sobre el teclado del piano que espera ansioso el arpegio de sol sostenido. Qué terrible ser un arpegio eternamente en el camino. Le cedí el paso al subir al autobús. Así se quedó él, a la espera, una espera eterna que le hizo estallar los oídos con todas las palabras fuera.  Pensé que alguna encontraría resquicio. Fue inútil. Todas las palabras habían perdido su sentido, como si hubieran desaparecido detrás de una esquina. Por eso fui a la librería y pedí un diccionario baldío. Quería saber lo que oía.  El librero, que es mi amigo, empezó a rasgar sus páginas. No, no era eso. Yo quería saber lo que dice un diccionario sordo, no un diccionario mudo.  Estoy convencida que no es lo mismo. ¿O sí? No, no, las palabras existieron, existen. Eso es lo terrible. Mi parada estaba cerca, no quería llegar. Miré el libro, luego a él. Me miró cuando bajó como diciéndome un adiós con sus ojos.
Después perdió la mirada, se le quedó colgada en un punto como se queda un gabán olvidado en un viejo perchero de un café cochambroso.  Ahora cada vez que veo un gabán olvidado me recuerda su mirada.  Cuando entro en un café bailan mis ojos enlazados con los percheros viejos, pretendo reencontrar en ellos su mirada apagada.  La otra noche un camarero bajito, con pantalón negro y la camisa blanca sudada me preguntó qué buscaba. Cuando le contesté que su mirada se apresuró a decirme que estaba todo cerrado. Pobre imbécil, pensé… Ya sé que está todo cerrado. En la televisión vi un abrigo en un perchero. Le dije a mi marido: «mira». « Qué», me contestó. «Qué pasa ».  «Nada, nada, es un perchero de cuatro brazos y quizás…» Me paré. Tenía fija la mirada. «Estás loca», dijo.  Sé que no lo estoy, pero como si lo estuviera.
Solo me quedaron sus manos. Se las sobaba. Me parecía que le sobaba el alma. Eso me parecía. Si no me oía y no me veía, le escribiría dentro. Sería como colarme por la ventana. Inútilmente. Se marchó hace poco o quizás hace mucho.
Murió con sus manos en las mías. Con sus manos en las mías. Con sus manos en las mías hasta que le cerré los ojos. Sus cerrados ojos abiertos. Tengo que pensar. Al revés no sería lo mismo.
La fuente sigue lanzando sus chorros y al caer siguen formando círculos concéntricos.
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©Bárbara Fernández Esteban.
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Un día especial en CAIXA-FORUM Zaragoza

Concurso de relatos La Caixa y RNE 2015 (Imagen de RTVE)

Concurso de relatos La Caixa y RNE 2015 (Imagen de RTVE)

 
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Crónica de mi día en Caixa-Fórum Zaragoza en la entrega de premios del concurso para mayores 2015 organizado por la Fundación La Caixa en colaboración con RNE en la que tuve el honor de ser una de los 15 finalistas.
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Todo empezó con la llamada telefónica que me sacó del letargo canario de la playa del Inglés a donde había ido con la intención de recuperar las fuerzas que a lo largo del año había ido derramando en Salou, lugar donde vivo, por mor de las muchas obligaciones que le sobrevienen a una jubilada, esposa, madre, y abuela, precisamente por “no tener nada que hacer”, según dicen.
A mi alrededor, casi todo lo que en aquel momento valía la pena. La soledad, la arena cálida, el rumor de las olas, los azules del océano y el cielo despejado por el viento alisio, el mar inmenso lamiéndome los pies y un sol que podía tornarse inclemente de un momento a otro. Entre las cremas solares, el pareo, tres pares de gafas y Polaris, el último libro de Fernando Clemot, me costó encontrar el teléfono que sonaba desesperado dentro del bolso. En el suelo, la toalla, la pamela y mis zapatillas.
—¿Doña Bárbara?
—Bárbara, tan solo—contesté a una voz deliciosa que salía de mi nokia primitivo.
—¿Doña Bárbara Fernández Esteban? —insistió.
—Sí, soy yo. Dígame.
—¿Es usted la autora del relato: “Un beso y un clavel”?
—Sí.
—Permítame que la felicite de entrada. Tengo el placer de informarle que su relato “Un clavel y un beso” ha quedado entre los 15 finalistas y le damos la enhorabuena, dado que han sido 1.384 relatos presentados al premio literario para personas mayores que patrocina la Fundación La Caixa y Radio Nacional de España.
Me incorporé sobre la toalla extendida sin haber encontrado las palabras para contestarle a María del Mar Ferrador, representante de la Fundación la Caixa, persona que en esos momentos me estaba hablando.
Le agradecí, nerviosa, su felicitación.
—Nos gustaría tenerla en el acto junto al resto de finalistas, queremos que sea un día precioso para ustedes.
—Me encantaría. Pero me es imposible. Nos separa el océano. Estoy en Gran Canaria y precisamente el día 18 paso a disfrutar el resto de mis vacaciones en Lanzarote. Para mí es un verdadero lio.
—No se preocupe por nada, le ayudaremos a que todo sea fácil para que pueda estar entre todos nosotros.
A las pocas horas recibí un correo confirmándome la noticia, y que además me decía que una persona se pondría en contacto conmigo para solucionarme todos los traslados a Caixa Fórum Zaragoza, donde este año se entregaban los premios.
Al día siguiente recibí una llamada de Arantxa Balmaseda, (representante de www.hartford.es )que después de saludarme me aseguró lo precioso que iba a ser el acto. Me preguntó que de dónde era para prepararme el traslado. Le respondí que vivía en Salou, pero que en estos momentos estaba en Canarias de vacaciones por lo que era un buen lio para mi trasladarme a Zaragoza el día 18, más que un lío muchos impedimentos. Y le propuse que una amiga me representara.
—Para eso estoy yo, para encargarme de que todo sea fácil para usted, me contestó animándome hasta convencerme para que abandonara durante un par de días la playa del Inglés, los azules, y mi merecido descanso, a cambio de emociones literarias y el cierzo inflamado de mi entrañable Zaragoza.
Arantxa se encargó de todo. A los pocos días, recibí un billete de avión para el traslado de las Palmas a Madrid, junto con un billete del Ave Madrid-Zaragoza. Seguimos hablando, ya solo quedaba el hotel y el regreso. Al día siguiente, tenía ya el bono para el hotel y el billete de vuelta a Lanzarote donde me esperaba mi marido, mi maleta, mis cosas, y el resto de mis vacaciones que viviría con los bonitos recuerdos de ese viaje mágico dentro de mi viaje vacacional.
Fue un acto precioso presidido por los escritores Soledad Puértolas y Fernando Schwartz, el director territorial de CaixaBank en Aragón y La Rioja, Raúl Marqueta; el director de RNE, Alfonso Nasarre; el director de programas de RNE, Ignacio Elguero; el subdirector de La Vanguardia, Llàtzer Moix y la ganadora del concurso en 2014, Elena Sánchez.
El acto fue magníficamente presentado y dirigido por Juan Fernández Vegue, presentador y director del programa radiofónico de RNE “Juntos paso a paso” acompañado por Itziar Jimenez Berrón.
El recibimiento en Caixa Fórum fue espléndido. Nos presentaron uno a uno. El auditorio estaba repleto. Periodistas, cámaras, micrófonos, las sonrisas expectantes de los elegidos, el jurado, los locutores, nervios, y entre el público algunos amigos que habían venido ex profeso, entre ellos, Pilar Hernándiz que me recibió con un abrazo y sus mejores deseos. Mil trescientos cuarenta y ocho relatos de todo tipo que el jurado tuvo que cribar con exigente criterio literario. Había de todo, pero el nivel de los seleccionados, dijo Soledad Puértolas, era sobresaliente. Fernando Schwartz leyó un relato que había escrito sin prisas para la ocasión. A continuación entregaron a los 15 finalistas un recuerdo de su selección.
A mí me lo entregó Alfonso Nasarre, director de RNE. Luego nombraron a Luisa Fernandez, ganadora  del certamen con su bonito relato “Gotas de lluvia”.  Para finalizar el acto público actuó un conjunto de música vocal. Todo un verdadero espectáculo. La tensión que habíamos vivido fue amainando con los temas que interpretó aquel grupo cubano. Finalizado el acto, repartieron al público el libro de los relatos que habían sido seleccionados en el concurso del año pasado, mientras a nosotros nos llevaron a la exposición de Joaquín Sorolla que a la sazón se exhibía en las salas de exposiciones de la Caixa. Otro espectáculo de luz, colores y sombras del universal pintor valenciano. El acto siguió para nosotros con un cóctel, durante el que nos entregaron más obsequios y que se prolongó sin que pesara el tiempo hasta casi media tarde. Justo casi hasta poco antes de que me llevaran al aeropuerto, cargada con mi bolsa llena de regalos y la satisfacción de haber vivido un día fantástico.
Mientras volaba de nuevo para retomar mis vacaciones interrumpidas, pensaba ya en mi relato del próximo año. Un relato alegre. Más alegre todavía que el que envié este año para revivir el brindis que un torero famoso ofreció a la Bárbara mozuela.
Gracias a todos los que creéis en mí y me animáis en la ilusión de escribir. Gracias a la Fundación La Caixa y a Radio Nacional de España por alentarme a seguir escribiendo. Es como vivir dos veces. Mientras tanto vuelvo a mis azules canarios para reponer fuerzas y al cabo volver a Salou para reencontrarme con mi gente y mis amigos y con mis obligaciones de esposa, madre y abuela jubilada, que “nada tiene que hacer”, dicen. ¡Menos mal que queda mucho por escribir y, por ende, mucho que revivir!
Bárbara Fernández Esteban, recibiendo el trofeo de manos de D.Alfonso Nasarre, director de RNE en CAIXA-FORUN Zaragoza.

Bárbara Fernández Esteban, recibiendo el trofeo de manos de D.Alfonso Nasarre, director de RNE en CAIXA-FORUN Zaragoza.

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©Bárbara Fernández Esteban. Junio 2015.
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En el juego y en la vida…hay que saber apostar

Penélope vio navegar su mano tranquila a través de aquel lago transparente colmado de escollos multicolores.

La ruleta se veía al fondo girando y girando con sus números rojos y negros. Su mano avanzó hacia las docenas, los colores, los números pares y nones, mayores y menores, los caballos, las columnas, las calles, las filas, los cuadros y los plenos, para posarse dulcemente en el número cero. Puso allí una sola ficha.

—El cero es un número como los demás, —dijo una señora gorda llena de joyas.

—Se equivoca— contesto Penélope— el cero es un número clave en la ruleta, es la base de todos los cálculos sobre la posibilidad, no tiene color, no es par ni impar, no corresponde a ninguna docena, no es mayor ni menor. El cero no está en ninguna columna ya que él es su propia columna. El cero es el saxofón de los números.

Y cierto que Penélope tenía razón, porque el cero es el rey de los números, simboliza la pura eternidad numérica, es insoldable y como un Dios, cuantos más ceros acompañan a un número, mas grandeza tiene este. Las gentes primitivas desconocían el cero y por tanto desconocían también las nociones de lo infinito y lo eterno. Ella siempre se lo jugaba todo al cero, algún día lo conseguiría.

Paola, al contrarío que Penélope, jugaba siempre al tres, cierto es que sabía de matemáticas y estadísticas, pero siempre decía que en la ruleta como en el amor esas teorías no valían de nada. Es la intuición, el corazón lo que en estos casos vale y desde siempre sin saber muy bien la razón que le impulsaba a ello apostaba su ficha al número tres.

Seguía su teoría, o más bien su corazonada.

Cuando iba al casino, siempre se vestía y se maquillaba con una discreta elegancia, no muchas joyas, pero nunca debía faltar en su dedo un diamante y en sus pies unos tacones.

Al entrar en la sala, su mirada se perdía en el verde de aquellas mesas, y observaba de cerca los movimientos de los croupiers. No tenía prisa, la noche era larga. Pedía una copa y se paseaba estudiando los movimientos de las ruletas de las diferentes mesas.

Por fin llegaba el momento de apostar. Elegía la mesa. No se pegaba mucho a ella, más bien se quedaba rezagada, como el que solo quiere ser un simple espectador. Cuando la ruleta empezaba a dar vueltas, depositaba con suavidad su ficha en la mesa diciéndole al crupier con su voz más melodiosa, «al tres, por favor».

Aquella bolita de marfil, seguía acelerando en su giro. Un silencio que casi dejaba oír el tictac de los corazones latiendo al mismo compás invadía la estancia.

—No va más…

La bolita de marfil seguía dando vueltas, iba desacelerando su movimiento. Penélope, dio media vuelta y se alejó perdiendo de vista aquel valle verde.

En el rostro de Paola se dibujó una sonrisa. Recogió sus fichas y mientras terminaba su copa pensó como siempre «otro día apostaré más fuerte a ese tres»

 

© Bárbara Fernández Esteban

 

 

 

¿Será verdad lo que dicen los horóscopos?

Esta mañana apenas me he levantado he leído mi horóscopo y me he estremecido. Decía que la conjunción de la Luna con Venus y el Sol en mi signo indica que es el momento de mi renovación vital y emocional. ¡Joder! He dicho. Sería fantástico. Una renovación vital es lo que necesito.
Creo que pasaban unos minutos de las doce de esta mañana y mi grito ha sido espectacular. Se ha escuchado en toda la escalera, en el patio, en la finca vecina, en toda la manzana y me hubiera gustado que se hubiera escuchado en toda la ciudad, incluso en todo el mundo.
Si ha habido dos momentos muy felices en mi vida, uno fue el día que me besó y dijo que me quería. No sabría describir lo que sentí desde la boca del estómago hasta la última de mis neuronas pasando por todos mis sentidos. Fue como un chasquido, como un rayo, como una bomba, como una explosión y el cielo se llenó de estrellas y la tierra de flores y de mariposas.

De eso hace seis años. Los dos primeros fueron maravillosos. Le enseñé a pensar, a hablar, —era incontinente y compulsivo —, le enseñe a besar —no sabía ni abrir los labios, ni para que servía la lengua—, le enseñe a acariciar, a tocar, a oler, a sorber, a escuchar. Le enseñé a amar. Hacer el amor le parecía que era como sacarse los mocos. Le enseñé a ser hombre. A ser fiel y a no tener miedo.

Los dos años siguientes fueron buenos, y hasta tuvo éxito gracias a mí. El siguiente no estuvo mal, pero empezó a pensar que él era el dueño de todas las cosas y de mí. Cometió muchos errores y se volvió neurótico, maniático, y se hinchó excitado, olvidando lo que yo le había enseñado.

El último ha sido horroroso. Se ha convertido en opaco y oscuro, el muy estúpido. A las doce y poco le he visto hoy salir con la maleta en la mano y me he sentido tan feliz como aquel primer día. Y así como aquel primero lo sentí dentro, éste lo he sacado afuera con un grito. Mañana será mi cumpleaños y no habrá mejor regalo que el de mi libertad. Soy feliz. Está siendo extraordinario, me he levantado con “La Mañana” de Peer Gyint (Grieg). Desnuda como si bailara he recorrido toda la casa. He abierto todas las ventanas y el sol ha entrado como una catarata. A borbotones me ha bañado, ha sido como un bautismo de luz. Todo es nuevo.

He llamado al estudio para decir que no iba. Que era un día muy especial y me hacía un homenaje. Es mi primer día. Hoy estrenaba libertad.

Cuando acababa de comer una ensaladita de pasta, con unas hojitas de lechuga, unos trocitos de manzana y unos pedacitos de queso no muy curado, con unas gotas de aceite, poca cosa, pero tan ricamente y en los altavoces Amaral, ha sonado el teléfono y he bajado el volumen. Espero que no sea mi madre, he pensado mientras descolgaba. No, no lo era. Era Tony.

—Helen, siento molestarte.

—¿Quién es?

—¡déjate de hostias!

—¿Cómo?

—Necesito recoger unos CD, son míos. ¿Cuándo puedo pasar por ellos?

—Nunca.

—¡Helen, por favor!

—Mira Tony no, he pasado pagina y estoy leyendo un capitulo nuevo. Absolutamente nuevo.

—pero son mis CD.

—Y esta es mi casa.

—También ha sido la mía.

—Pero ya no lo es.

—Eso está pendiente.

—Pendientes están tus cojones.

—¿Y si envío a alguien a recogerlos?

—¿En tu nombre?

—Claro, de quien va a ser.

—Eso es como si vinieras tú. O sea, un extraño.

—Desde luego eres muy intransigente.

—Veo lo has comprendido.

—¿Sabes qué?, Que te los metas donde te quepan.

—No me caben en ninguna parte ni a empujones. Además no los quiero. Hoy mismo van todos al contenedor de enfrente. Si los quieres puedes pasar a recogerlos esta noche a las nueve. ¡Agénciate un carrito y unos cartones para que parezca lo que eres! ¡Ciao!. Después de colgar, he subido el volumen y me he preparado un café.

Ahora estoy tumbada en el sofá, después me cepillaré los dientes y el pelo y me iré al Cine, cuando vuelva meteré sus CD en una caja y los bajaré al contenedor poco antes de las nueve.

Esta casa parece otra, hasta la música suena mejor.

© Bárbara Fernández Esteban

Hoy hace años que fui madre

 

Hoy hace años que fui madre

Hoy hace años que fui madre

Hoy hace 42 años que fui madre por primera vez. Me sentí feliz. Cuando pienso en aquellos momentos no puedo dejar de pensar en las madres de la actualidad. Yo trabajaba entonces. Tenía un puesto de responsabilidad en una industria. Mi jornada laboral era de 60 horas semanales de lunes a sábados, incluso había que hacer, en muchas ocasiones, horas extras.

 

En ningún momento se me ocurrió pensar en planear el nacimiento de mis hijos. No pensaba en el cheque bebé, ni en el descanso por maternidad ni en ningún tipo de ayuda estatal. No necesité ninguna ley de conciliación laboral para poder amamantar, criar y educar a mi hija y seguir en mi puesto de trabajo.

 

Sí necesité a unos abuelos y a las personas de mi entorno laboral. La buena voluntad de mi familia, y de mi entorno laboral hizo todo posible. No hicieron falta leyes.  A veces me pregunto qué ocurre hoy en día que hasta para tener hijos hace falta recurrir al estado en forma de leyes. ¿Acaso no estábamos entonces las madres trabajadoras en iguales o peores circunstancias para conciliar la vida familiar y laboral que hoy en día? Algo falla en la sociedad.

 

Hoy me siento orgullosa, por esta hija y por la siguiente que vino después en parecidas circunstancias. Y me siento feliz al verlas, ahora ya madres con sus propias familias. No hemos dependido del estado ni de leyes para que nuestras vidas hayan seguido el curso normal. Y no soy más ni menos que el resto de mujeres. Pero sigo preguntándome muchas cosas cuando veo tanto impedimento y tantas peticiones para tener en la familia lo más hermoso que se puede tener: Hijos.

 

Gracias Lara, por haber venido a este mundo, y también a ti María porque sois lo más hermoso que me ha ocurrido en la ya mi larga vida. Gracias por estar y por darme a esos nietos que adoro, aunque a veces me queje. Somos una familia que sobrevivimos sin necesidad de leyes que concilien nuestra vida familiar y laborar.  Os quiero.

 

 

 

HIELO, novela de David Aliaga

“Hielo”, novela de David Aliaga, editada por Paralelo Sur Ediciones, para su colección Aquilón (Noviembre 2014), funciona en torno a una trama de cuatro historias turbadoras sin ningún tipo de cromatismo que arrebate protagonismo a un hielo que nunca será lágrima. Son historias protestantes, herméticas, trágicas, sin épica, sin redención, ni primavera. Ni el “eros” será capaz de resurrección. Bálsamo, si acaso. La satisfacción y el gozo se conciben si hay deseo de renacer, de ser ave fénix. De ahí que las historias de Hielo no sean historias de luz eterna, sino una vuelta de tuerca a la resistencia a pesar de todo, como alternativa del suicidio o como otra forma del mismo. La muerte como liberación de los horrores vividos, presentidos, sospechados, sin catarsis. No es el mito de Orfeo, sino el de Sísifo el que nos muestra Aliaga con una madurez insólita.

Todas las miradas de los personajes que hollan el “Hielo” de David Aliaga son huidizas, y evidencian actitudes silentes ante la realidad demasiado pavorosa. Sin aspavientos, a media voz y entre penumbras y susurros, la expresión del dolor, la conciencia de culpa, la mentira, el miedo, —sentimientos sombríos que se mimetizan sobre el paisaje blanco sin concesiones al color—, se transforman en un malestar melancólico, patético disfraz que torna difícil o imposible la esperanza. Cabe huir, intentarlo como sea, aún a sabiendas de que no hay salida.

En siete capítulos cortos, con un lenguaje que requiere esfuerzo en la lectura, una voz entrecortada que hurga en lo poético y el uso habitual de la metonimia como un puzle que encaja milimétricamente las metáforas, David Aliaga nos lleva de forma agónica al deshielo de los personajes, y de nosotros mismos conmocionados con ellos, en una lucha inútil e insolidaria contra el cerco fronterizo de la verdad.

Comencé a leer Hielo acompañada del concierto para Cello de György Ligeti, menos dionisiaco que Stravinski, pero de manera especial el último capítulo con el Poema sinfónico para 100 metrónomos.  Sísifo en estado puro. Es una sensación muy subjetiva, pero no por eso deja de ser una sugerencia.

©Bárbara Fernández Esteban febrero 2015

Un precioso regalo

Para Bárbara Fernández Esteban de Pilar Hernándis

Para Bárbara Fernández Esteban de Pilar Hernándis

Para Bárbara Fernández Esteban de Pilar Hernándis

 

Acróstico para Bárbara Fernández Esteban. Realizado por Pilar Hernandis

En mi último cumpleaños, recibí un precioso regalo. Lo hizo para mí, una magnifica poeta y amiga. Lo guardaba con celo y cariño. Hoy he decidido compartirlo con vosotros, porque pienso que, las cosas bellas hay que compartirlas . Gracias, Pilar Hernandis por este maravilloso regalo.

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